Sol tiene 22 años y se encuentra en su último año en la prestigiosa universidad de Bath, Reino Unido. Ha hecho también un intercambio en la prestigiosa H.E.C. Montréal, Canadá. Fue elegida delegada representante de su facultad “The Bath School of Management”, y está barajando ofertas de trabajo en varias multinacionales de distintos paises, entre ellos Brasil y Reino Unido. Sol habla perfectamente, Español, Inglés, Francés, Catalán, Alemán y Portugués, hizo su escolaridad en España (Barcelona), Reino Unido (Escocia) y Alemania (Baviera). Con todo “A” en los A-levels, Sol ha recibido también el premio Duque de Edimburgo, batió el record mariposa de Escocia y fue invitada, pero rechazó, a formar parte de la prestigiosa escuela nacional de danza británica. Sol nos habla de sus experiencias y de su carrera que empezó con apenas 11 años de edad.

¿Recuerdas cuál fue tu reacción cuándo te enteraste de que te ibas a estudiar fuera?

Tenía 11 años, sabía que habían mandado a mi hermano antes y que a mí me tocaría eventualmente, por lo tanto, no fue tanto el shock, recuerdo que él lloró pensando que le castigaban. Sin embargo sí sentí un poco de miedo, estaba asentada en mi colegio, tenía mis amigas y mis actividades que me divertían, me imponía un poco empezar de nuevo, no sabía si tendría amigas, si me integraría o si podría continuar con el tenis y la equitación, actividades a las que estaba súper dedicada.

¿Cuándo llegaste, era lo que te esperabas?

Pues no sé ni lo que me esperaba, fue un poco un shock primero por la lengua, tener que hablar todo el día en inglés, luego todo estaba lleno de reglas y había un horario que se debía cumplir a rajatabla, además cada estudiante tenía sus responsabilidades y tareas y se tenía que ocupar de sus cosas. Yo estaba acostumbrada a que me lo hicieran todo en casa, cuando llegaba del colegio tiraba la mochila, los zapatos, me ponía a hacer deberes y esperaba a que me llamaran a cenar, pero en Inglaterra me tenía que ocupar de hacerme la cama y ordenar la habitación, de que me lavaran la ropa, de poner la mesa y luego ayudar a recogerla, de hacer los deberes sola, etc.

¿Cómo crees que debería prepararse uno para ir a estudiar fuera?

Pues no hay una preparación, estar abierto a lo nuevo sin quejarte ni crearte prejuicios o expectativas. Yo creo que lo mejor es estar preparado para participar en todo y hacer de todo, este es el mejor antídoto para integrarte lo más rápido posible y aprovechar una experiencia que, aunque no lo valores ahora, luego de mayor te darás cuenta de lo importante que ha sido.

Una cosa que sí contribuyó a que me adaptara más rápidamente fue hacer un summer school de un mes en un boarding school británico el verano anterior. Allí ya pude familiarizarme con la vida en un internado, con la comida distinta (que no era “la comida de mamá”), al tipo de educación inglesa, a vivir fuera de casa, a relacionarte con personas nuevas que no forman parte de tu entorno habitual, a compartir habitación o a relacionarme en otra lengua. Esta fue una experiencia preliminar que me ayudó a adaptarme.

¿Cómo te conseguiste integrar tan rápido sin convertirte en la “niña extranjera” del colegio? ¿Qué trucos recomendarías para agilizar la integración con los compañeros y la vida allí?

Como te he dicho antes, yo afronté la situación con un espíritu abierto sin cerrarme en banda o ponerme en plan negativo porque tenía que adaptarme a un estilo de vida al que no estaba acostumbrada en mi casa. Y tampoco estaba mal, en realidad era muy divertido.

Aunque la verdad tuve suerte porque el equipo de The Georgian Manor House (TGMH) me recomendó el colegio adecuado para mi personalidad. Yo soy una persona a la que le apasiona el deporte y, sobre todo, las artes (este último punto lo descubrí allí), me buscaron un colegio donde pude desarrollar mi creatividad y sobre todo descubrir cosas que no conocía antes sobre mí y que, si no hubiera ido a Reino Unido, probablemente jamás hubiera llegado a conocer… Esto es importante, porque por ejemplo, mi hermano odia el deporte, y en mi colegio lo habría pasado bastante mal la verdad (ríe)…

Al poco tiempo de llegar me integré en la compañía de danza y descubrí el teatro, pudiéndome formar un grupo de amigas muy fuerte. Aprendí violín y piano, luego en el deporte competí en los Nacionales en hockey, tenis y además participé en cursos de supervivencia en los Highlands de Escocia, navegué por el Mar del Norte con un equipo de sailing y me puse a estudiar alemán… Luego, TGMH me mandó 6 meses de intercambio a un colegio buenísimo en Baviera donde lo perfeccioné.

La verdad me lo pasé tan bien, que pedí a mis padres que por favor me mandaran año tras año hasta que acabé haciendo los GCSEs. Hasta ahora, ésta ha sido la mejor época de mi vida.

Batiste el récord de butterfly de Escocia, tienes el premio del duque de Edimburgo y te invitaron a unirte en la escuela nacional de danza Británica, una de las mejores del mundo… Quién lo diría, esto es ser alguien con talento innato…

A ver, esto lo pude hacer porque el equipo de TGMH y el colegio me presentaron las oportunidades para que yo tuviera la posibilidad de llegar hasta ahí. Es decir, conté con las instalaciones, los medios, el networking y los profesores o especialistas que supieron identificar mi potencial y extraerlo, empujándome a competir, si no, no lo habría conseguido, porque ¡ni siquiera sabía de lo que era capaz! Para que sepas, antes de ir a Inglaterra nunca había nadado en un equipo, jugado al hockey, hecho teatro o ni siquiera bailado en serio.

“LO MEJOR
ES ESTAR PREPARADO
PARA PARTICIPAR
EN TODO Y HACER
DE TODO.”

¿Por qué decidiste quedarte?

Sinceramente, me llevaron a un sitio dónde me ayudaron a descubrir todo el potencial que tenía y, encima, me empujaban para llegar más lejos y a superarme cada día, y qué quieres que te diga, el colegio en mi país de origen se me quedó un poco pequeño… En Reino Unido podía practicar deporte, aprender a tocar instrumentos musicales, hacer teatro, danza, incluso tenía asignaturas como filosofía, psicología, política, economía ¡o antropología!, que en mi colegio de antes era algo totalmente desconocido.

¿Echabas de menos a tus padres?

Pues cuando llegué sí, bastante, pero luego me di cuenta que cada mes y medio te mandan 10 días a casa y luego, al final de cada trimestre, tienes un mes de vacaciones, total que al final veía a mis padres más que antes, y la diferencia es que cuando volvía pasábamos más tiempo juntos y hacíamos más cosas, porque claro querían aprovechar.

¿Cómo notas que te ha cambiado el hecho de estudiar fuera?¿Crees que tu vida habría sido distinta si no hubieras ido?

Pues me ha cambiado totalmente, si me hubiera quedado ahora sería otra persona, de eso estoy totalmente convencida. Estudiar fuera me quitó la tontería, me di cuenta de que no era la reina de la casa y que tenía que ocuparme de mis cosas como los demás. Me volví más autónoma, organizada, tolerante y, sobre todo, gané seguridad en mi misma.

Pero, sobre todo, estudiar fuera agrandó mis metas y mis objetivos, me abrió los ojos y me di cuenta que si me lo proponía podría llegar a lo más alto.